18 abril, 2018

F. Scott Fitzgerald: estar sin estar del todo




"Moriría por ti"; Anagrama,2018, contiene obra inédita  de Fitzgerald recopilada y prologada por  Anne Margaret Daniel. Son dieciocho narraciones la mayoría cuentos y algún esbozo de guión escritos entre 1920 y 1939/40. 
                                                     
No se publicaron por inacabados o porque fueron rechazados debido a la  cotización a la baja de Fitzgerald  y/o  a las restricciones editoriales que imponía la gran Depresión. Fueron  malos tiempos para  el escritor acuciado por las dudas sobre su valía profesional, las batallas  con el alcohol, las deudas, la enfermedad de  la rutilante, atormentada y finalmente trágica Zelda, y la educación de Scotie.  Muchas de estas preocupaciones afloran -entre líneas- en las conmovedoras y sinceras cartas que  dirige  esos años a su hija.  
"Día libre de amor"   es un cuento inacabado con aires "chejovianos": un fragmento significativo que va más allá de lo escrito y deja suspendidos múltiples interrogantes y, -en este caso-, termina con un corte de alcance psicológico expresivo  y brillante.  
En él se aprecia como  a pesar de la resaca creativa, Fitzgerald, no ha perdido  la magia: ese cinturón plateado de estrellas troqueladas, y casi inexistentes por tanto, que el lector puede seguir por "los amplios salones" es una   muestra sutil de su  especial lirismo. 
                                                     

Día libre de amor



La tarde que decidieron casarse paseaban por el bosque, sobre un manto húmedo de agujas de pino, cuando Mary, no muy decidida propuso su plan.
-Pero ahora te veo todos los días -se quejó Sam.
-Sólo esta última semana -lo corrigió Mary-. Era para comprobar si podíamos pasar juntos todo el tiempo sin...sin...
-Sin  volvernos locos -Sam la ayudó a terminar-. querías ver si aguantabas.
-No -protestó Mary-. Las mujeres no se aburren lo mismo que los hombres. Pueden dejar de prestar atención, pero siempre saben cuando los hombres se aburren. Por ejemplo, conozco  a una chica a quien los matrimonios les duraban exactamente hasta el día que descubría que le estaba contando a su marido una historia que ya le había contado. entonces se iba a Reno. No podemos hacer lo mismo...Estoy segura de que me repito. Y somos los dos los que tenemos que aguantar.
   Incluso en ese momento repetía un gesto que a él le encantaba, una especie de tirón a la falda como si dijera:"Apriétate el cinturón chica.Que vamos...quién sabe a dónde" Y Sam Baetjer quería que lo repitiera con el mismo  vestido siempre: el vestido de lana gris claro y, a juego, los labios y el chaleco escarlata con cierre de cremallera.
   De repente Sam sospechó algo. Era de esos hombres que parecen eternamente impasibles, incluso distraídos y de pronto anuncian el resultado de una operación matemática hasta el último dígito.
-Es por tu primer matrimonio -dijo-.Yo pensaba que nunca volvías la vista atrás.
-Sólo para que me sirva de advertencia -dudó Mary-. Pete y yo estábamos tan unidos que...Tres años, hasta el día de su muerte. Yo era él y él era yo...Y al final esto sirvió de poco: yo no podía morirme con él.-Dudaba otra vez , insegura del suelo que pisaba-. Creo que una mujer debe tener en su interior un lugar al que dirigirse...,semejante a la ambición en los hombres.
Así que siempre habría un día libre de amor, un día a la semana en el que llevarían vidas geográficamente separadas. Y no hablarían de esos días: nada de preguntas.
-¿Tienes un hijo secreto? -bromeó Sam-.¿Un hermano gemelo en la cárcel? ¿Eres la agente X9? ¿Me enteraré algún día?

Cuando llegaron a su destino, una fiesta en una de esas "cabañas" exuberantes que salpican las colinas de Virginia, Mary se quitó el chaleco escarlata y, de pie ante la chimenea, en un aparte, les contó a sus amigas de infancia que se iba a casar de nuevo. Llevaba un cinturón plateado con estrellas troqueladas que, así, estaban sin estar del todo, y, mirándolas, Sam comprendió que aún no había acabado de encontrar a Mary. Por un instante anheló no haber tenido tanto éxito personal, y que Mary no fuera tan deseable. Anheló que los dos se sintieran un poco lastimados, que no quisieran separarse ni un momento. Pasó la tarde un poco triste, sin dejar de mirar las estrellas intangibles que se movían de acá para allá a través de amplios salones.


Mary tenía veinticuatro años. Hija de un catedrático, tenía la apariencia deslumbrante de una corista: pelo de bronce, ojos verdeazulados y un rubor perpetuo que casi le daba vergüenza. El contraste entre sus cualidades sociales y físicas le causó muchos problemas  en la pequeña universidad local. Se había casado con un catedrático con el que no tenía ninguna razón especial para casarse, y logró que el matrimonio fuera un éxito: tanto que estuvo a punto de morirse con su marido y, solo al cabo de dos años, reencontró las noches sin fantasmas y el azul de los cielos. Pero ahora, casarse con Baetjer,un joven excepcional que reorganizaba minas de carbón a lo largo de Virginia Occidental, parecía tan natural como respirar. Contaba con la materia prima, Mary lo sabía, sopesando las cosas con las dos manos. Y el amor es lo que tú haces con él.


Al martes siguiente volvió al pueblo de la montaña, capital del condado: la plaza de los juzgados, con un soldado de la Confederación de hierro, un cine, los habitantes, hombres y mujeres con ropa vaquera azul, y los montes de Blue Ridge elevándose como telón de fondo en tres de sus lados. Esa vez tenía la sensación de haber agotado prácticamente las posibilidades de aquel lugar: el aspecto puramente físico de su desaparición se impondría cuando en otoño Sam ocupara su escaño en el Congreso. El pueblo había sido en otro tiempo, un humilde balneario. Había un sanatorio en una de las colinas limítrofes y, un poco más arriba, el edificio central de lo que 1929 iba a convertirse en un complejo hotelero. Preguntó por el hotel y le dijeron que habían robado las camas, que el mobiliario había ido desapareciendo poco a poco. Volvió a contemplar la estructura blanca y vacía en su magnífico emplazamiento y, al final de la calle, subió en coche por pasar un rato. 


-...de todas formas, en opinión de una pobre viuda -le decía al desconocido, en el Simpson's Folly.

-En teoría -dijo el desconocido-,solo en teoría, ese tal Simpson podría haber convertido esto en el mayor complejo hotelero del país.
-Fue la Depresión -dijo Mary, que observaba la estructura vacía, elevándose sobre el risco, un caparazón del que los montañeses se habían llevado hasta las tuberías.
-También usted tuvo su depresión -aventuró el desconocido-, y mírese ahora, tan llena de confianza y esperanza, como si sólo fuera capaz de proponérselo. Y en su primer día libre, incluso en vísperas de casarse, conoce a un hombre, o a lo que queda de él. Suponga que nos enamoramos y que sube a encontrarse aquí conmigo todas las semanas. Ese día cobraría entonces más importancia que los seis días que pasara con su marido. ¿Qué me dice entonces de su plan?
   Estaban sentados, con las piernas colgando, en una balaustrada llena de grietas. Un aire cálido y primaveral soplaba desde el valle y Mary dejaba que sus tacones se balancearan y chocaran contra la piedra caliza.
-Ya le he dicho demasiado -dijo.
-¿Lo ve? Está interesada. Por lo pronto soy el hombre al que le ha contado demasiadas cosas. Es una situación peligrosa: partir de una confianza que la gente tarda semanas en ganarse.
-Llevo diez años viniendo aquí a pensar -protestó Mary-. Con quien hablo es con el viento.
-Eso creo -admitió el desconocido-. Es un viento terrible que favorece el descaro, sobre todo de noche.
-¿Vive usted aquí? -preguntó sorprendida.
-No...Estoy de visita -respondió él titubeando-.He venido a visitar a un joven.
-Que yo sepa, aquí no vive nadie.
-No, no vive nadie. El joven es...o, más bien era yo.-Se interrumpió-. Se acerca una tormenta.
   Mary lo miraba con curiosidad. Tendría unos treinta y cinco años y superaba el metro ochenta de estatura, un hombre muy delgado que hablaba despacio. Llevaba unas botas altas con cordones y una cazadora de ante a juego con unos ojos marrones que tenían algo de implacables. Cuando encendió un cigarrillo con dedos temblorosos, su aspecto recordaba la expresión cadavérica que deja una larga enfermedad.
   Diez minutos después dijo:
   -Su coche no arranca y arreglarlo llevaría cuatro horas. Puede bajar andando hasta el garaje que hay al pie de la colina. Yo la llevaré a la ciudad.
   No hablaron en el camino. Un día de ausencia voluntaria se había convertido en un largo periodo de tiempo, y Mery sentía una punzada de duda cuando pensaba en su plan. Incluso ahora, cuando se dirigían en coche a la casa de su padre por la calle principal,sólo eran las seis y tenía casi toda la tarde a su disposición.
   Pero se dio ánimos a sí misma: el primer día era el más difícil. Y hasta miraba de vez en cuando a las aceras con la esperanza pícara de que Sam la viera.Por lo menos el desconocido tenía un aire de misterio.
   -Pare en el bordillo -dijo de pronto. Acababa de ver enfrente el descapotable de Sam, que reducía la velocidad. Y, cuando los dos coches se detuvieron, se dio cuenta de que Sam no estaba solo.
   -Ahí está mi amor -le dijo al desconocido-. Parece que él también se ha tomado el día libre.
   El desconocido miró, obediente.
   La chica preciosa que lo acompaña es linda Newbold -dijo Mary-.Tiene veinte años y ya intentó ligárselo hace un mes.
   -¿Le preocupa? -preguntó el desconocido con curiosidad.
   Mary negó con la cabeza.
   -Los celos no son lo mío. Dispongo, eso sí,de una dosis extra de vanidad.




F.Scott Fitzgerald,Moriría por ti y otros cuentos perdidos, Anagrama, febrero 2018 



26 enero, 2018

Nicanor Parra , Chile (1914- 2018)









ADVERTENCIA AL LECTOR 

El autor no responde de las molestias que puedan
ocasionar sus escritos:
aunque le pese
el lector tendrá que darse siempre por satisfecho.
Sabelius, que además de teólogo fue un humorista
consumado,
después de haber reducido a polvo el dogma de la 
Santísima Trinidad
¿respondió acaso de su herejía?
y si llegó a responder, ¡cómo lo hizo!
¡En qué forma descabellada!
¡Basándose en qué cúmulo de contradicciones!
Según los doctores de la ley este libro no debiera
publicarse:
la palabra arco iris no aparece en él en ninguna parte,
menos aún la palabra dolor,
la palabra torcuato.
Sillas y mesas si que figuran a granel,
¡ataúdes!,¡útiles de escritorio!
Lo que me llena de orgullo
porque a mi modo de ver, el cielo se está cayendo a pedazos. 
1972
 Los mortales que hayan leído el Tractatus de Wittgenstein
pueden darse con una piedra en el pecho
porque es una obra difícil de conseguir:
pero el Círculo de Viena se disolvió hace años,
sus miembros se dispersaron sin dejar huella
y yo he decidido declarar la guerra a los cavalieri della luna.

Mi poesía puede perfectamente no conducir a ninguna parte:
"¡las risas de este libro son falsas!", argumentarán mis detractores
sus lágrimas,¡artificiales!"
"en vez de suspirar, en estas páginas se bosteza"
"se patalea como un niño de pecho"
"el autor se da a entender a estornudos"
Conforme: os invito a quemar vuestras naves, 
como los fenicios pretendo formarme mi propio alfabeto.

"¿A qué molestar al público entonces? se preguntarán los amigos lectores:
"si el propio autor empieza por desprestigiar sus escritos
¡qué podrá esperarse de ellos!"
cuidado, yo no desprestigio nada
o, mejor dicho, yo exalto  mi punto de vista,
me vanaglorio de mis limitaciones
pongo por las nubes mis creaciones.

Los pájaros de Aristófanes
enterraban en sus propias cabezas
los cadáveres de sus padres
(Cada pájaro era un verdadero cementerio volante)
A mi modo de ver
ha llegado la hora de modernizar esta ceremonia
¡y yo entierro mis plumas en la cabeza de los señores lectores!/1954

Nicanor Parra, Roberto Bolaño y el crítico Ignacio Echevarría./Ignacio Echevarría fue comisario en 2013 de una gran exposición de Nicanor  Parra en la Biblioteca Nacional en Madrid:"PARRA.Obras Públicas". Las salas parecían un aquelarre surrealista de antipoesía y moverse entre los distintos soportes, - "artefactos", textos, antipoemas en la voz del poeta, dibujos, esculturas ajenas y conocidas transformadas por su palabra...-, activaba sensaciones y emociones especiales.Fue una buena ocasión para conocer mejor al poeta  chileno  y para muchos de descubrirlo.
El Cultural,Ignacio Echevarría,24,5,2013,
Parra en la Biblioteca

NO CREO EN LA VÍA PACÍFICA

no creo en la vida violenta
me gustaría creer
en algo -pero no creo
creer es creer en Dios
lo único que yo hago
es encogerme de hombros
perdónenme la franqueza
no creo ni en la Vía Láctea/1971

VIVA STALIN

estos hijos de puta
no me dieron tiempo ni para ponerme el abrigo
sin decir agua va
me sacaron a punta de empellones
uno me dio un culatazo en el tórax
otro degenerado me escupió
pero yo no perdí la paciencia

me llevaron a una calle desmantelada
cerca de la estación de ferrocarril
en un furgón de los radiopatrullas
y me dijeron ahora puedes largarte

yo sabía perfectamente lo que eso quería decir

¡asesinos!
debiera haberles gritado
pero morí gritando Viva Stalin/1972


YO ME SÉ TRES POEMAS DE MEMORIA
I
Alma no me digas nada
que para tu voz dormida
ya está mi puerta cerrada

Una lámpara encendida
esperó toda la vida
tu llegada
hoy la hallarás extinguida

Los fríos de la otoñada
penetraron por la herida
de la ventana entornada:
mi lámpara estremecida
dio una inmensa llamarada.

Alma no me digas nada
que para tu voz dormida
ya está mi puerta cerrada.
.........................................../1985


WHAT IS POETRY?

todo lo que se dice es poesía
todo lo que se escribe es prosa

todo lo que se mueve es poesía

lo que no cambia de lugar es prosa/1985



LA SONRISA DEL PAPA NOS PREOCUPA

nadie tiene derecho a sonreír
en un mundo podrido como este
salvo que tenga pacto con el Diablo
S.S. debiera llorar a mares
y mesarse los pelos que le quedan
ante las cámaras de televisión
en vez de sonreír a diestra y siniestra
como si en Chile no ocurriera nada
¡Sospechoso señoras y señores!
S.S. debiera condenar
al Dictador en vez de hacer la vista gorda
S.S. debiera preguntar
x  sus ovejas desaparecidas
S. S.debiera pensar un poquito
fue para eso que los Cardenales
lo coronaron Rey de los Judíos
no para andar de farra con el lobo
que se ría de la Santa Madre si le parece
pero que no se burle de nosotros/1993

NERUDIANA

Huidobro está a la cabeza
De una maniobra internacional anti Neruda
Pero yo voy a dejar caer todo mi poder
Que es muy grande
en la cabeza del señor Huidobro

Dicho y hecho


VINCENT HUIDOBRO
Par lui même
Poète français
Né au Chili


DESDE EL RINCÓN DE MI CASA

Veo la tumba de Vicente Huidobro
Resplandecer al otro lado de la bahía

De la mañana a la noche percibo
Las señales eléctricas del poeta

Amanece y se pone con el sol



QUÉ ES POESÍA

La fundación del ser x la palabra
Poesía eres tú
Todo lo que se mueve es poesía
Lo que no cambia de lugar es prosa

Pero qué es poesía
Todo lo que nos une es poesía
Sólo la prosa puede  separarnos

Sí pero qué es poesía
Vida en palabras
Un enigma que se niega a ser descifrado x los profesores
Un poco de verdad y una aspirina
Antipoesía eres tú



Nicanor Parra, Chistes para desorientar a la poesía, Visor,2008
Nicanor Parra, Parranda Larga, Alfaguara,2010

08 diciembre, 2017

Oratorio de Navidad 2017


Durante los veinticinco últimos años de su vida Joseph Brodsky (San Petersburgo/Leningrado,1940-NuevaYork,1996)   escribió  poemas  de Navidad relacionados con esos  días de  tradición cristiana. Están recogidos en Poemas de Navidad, Visor, y cada uno de ellos es un buen motivo para recordar al gran  poeta ruso.                            

                                               San Petersburgo-Nueva York-Venecia, 
                                               las ciudades de Navidades de Brodsky (ampliar)






Orilla de kisel* congelada. Ciudad
que esconde en leche su reflejo. Suenan
los carillones. En el cuarto, luz.
A lo lejos, los ángeles arman alboroto,
como camareros saliendo en tropel de una cocina.
Te lo escribo desde el otro lado de la Tierra.
En el día del nacimiento de Cristo.
Los copos de nieve,arremolinados,
detrás de la ventana, resuenan con un "ay, lulí"**sincero:
la blancura se multiplica.
Pronto Él cumplirá dos mil años.
Quedan catorce. Hoy es miércoles;
mañana, jueves. Temo que este aniversario
habremos de celebrarlo sin añadir hielo,
liberando una futura arruga
de la mejilla soñolienta; dicho llanamente, junto a Él.
Y entonces nos veremos. Como la estrella desvela al campesino,
un piano despertado por un dedo,
pasa a través de la pared y enturbia mi oído.
Como si alguien estuviera aprendiendo a leer,sumando
sílabas.
O, mejor, como si estudiara astronomía, distinguiendo trazas
de nombres propios allá donde no estamos; allá
donde la suma depende de la resta./Diciembre de 1985


*Bebida rusa hecha con frutas cocidas, ligeramente gelatinosa
**Interjección de las canciones de cuna rusas.



  Joseph Brodsky, Poemas de Navidad, Visor.




01 noviembre, 2017

Antón Chéjov : El juez de instrucción


       E. MANET, h 1872,Retrato de Berthe Morisot (det.) 


EL JUEZ DE INSTRUCCIÓN


UN HERMOSO DÍA de primavera, a medio día, el médico del distrito y el juez de instrucción se dirigían en coche a hacer una autopsia. El juez, hombre de unos treinta y cinco años, contemplaba los caballos con aire meditabundo y decía:

-En la naturaleza hay muchas cosas enigmáticas y oscuras, pero también en la vida cotidiana, doctor, es frecuente enfrentarse con fenómenos completamente inexplicables. En lo que a mí respecta, conozco algunas muertes extrañas y misteriosas cuya causa sólo podrían explicar los espiritistas y los místicos, y ante las cuales un hombre de cabeza fría no podría hacer otra cosa que levantar los brazos al cielo, lleno de perplejidad. Por ejemplo conozco a una dama muy cultivada que predijo su propia muerte y murió sin causa aparente el día preciso que había fijado. Dijo que se moriría esa fecha y así fue.

-No hay efecto sin causa -comentó el médico-. si se produce una muerte, es porque ha habido una causa. Y en lo que respecta a las predicciones,no veo en ellas nada sorprendente. Todas nuestras damas y campesinas tienen el don de la profecía y del presentimiento.
-Puede ser, pero la mujer de la que le hablo, doctor, era muy especial. En su predicción y en su muerte no había nada que se pareciera a las profecías de las damas o las campesinas. Era una joven sana, de mente despejada, sin prejuicios. En su mirada límpida e inteligente se percibía siempre el brillo de la honradez. Tenía un rostro sincero, reflexivo, con un punto de ironía totalmente rusa en los labios y en los ojos. Sólo podía adscribírsele un rasgo propio de una dama o una campesina: la belleza. ¡Era grácil, armoniosa como ese abedul, con unos cabellos maravillosos! Para que se haga usted una idea más completa, le diré que era una persona despreocupada, llena de la alegría más contagiosa y con ese ingenio, esa ligereza y esa bonhomía que es patrimonio de las almas reflexivas, sencillas y joviales. ¿Cómo puede hablarse en su caso de misticismo, de espiritismo, del don de la premonición o de algo parecido? Ella se reía de todas esas cosas.

La carretela del médico se detuvo junto a un pozo. el juez y su compañero calmaron la sed, se desperezaron y esperaron a que el cochero terminara de abrevar a los caballos.
-Bueno, ¿y de qué murió esa dama? -preguntó el médico cuando la carretela se puso de nuevo en marcha.
-De un modo muy extraño. Un día el marido entró en la habitación y le comentó que sería una buena idea vender la vieja calesa en primavera y comprar un coche más nuevo y ligero, añadiendo que tampoco estaría mal cambiar el encuarte de la izquierda y colocar en el centro a Bobchinski (así se llamaba uno de los caballos). 
"La mujer le escuchó y dijo:
"-Haz lo que te parezca. A mí ya me da todo igual. en verano estaré en el cementerio.
"Naturalmente el marido se encogió de hombros y sonrió.
"No bromeo -apuntó la mujer-. Te anuncio con toda seriedad que voy a morirme.
"-¿Y será pronto?
"-Después del parto. Daré a luz y me moriré.
"El marido no concedió la menor importancia a esas palabras.No creía en los presentimientos: además, sabía perfectamente que las mujeres en estado se comportan de manera muy caprichosa y, en general, se entregan a pensamientos sombríos. Al día siguiente la mujer volvió a decirle que iba a morirse después del parto, y así un día tras otro; él se reía y la tildaba de simplona, de vidente y de histérica. La cercanía de la muerte se convirtió en una idée fixe de la mujer. Cuando el marido no la oía, iba a la cocina y hablaba allí de su muerte con el aya y la cocinera.
"-No me queda mucho tiempo de vida, aya mía. En cuanto dé a luz , moriré. No querría morir tan joven, pero no se puede hacer nada.
"Naturalmente el aya y la cocinera lloraban a lágrima viva. Cuando la mujer del pope o de algún hacendado venía a verla, ella se la llevaba a un rincón y se desahogaba contándole la inminencia de su muerte. Hablaba con total seriedad y acompañaba sus palabras de una sonrisa desagradable y a hasta de una expresión maligna, sin permitir que nadie la contradijera.  
                                 
Seguía la moda y vestía con elegancia, pero, ante la perspectiva de la muerte cercana, renunció a todo y se volvió desaliñada; ya no leía, ni se reía, ni soñaba en voz alta...Por si eso fuera poco, se dirigió al cementerio con su tía, eligió un emplazamiento para su tumba y nos cinco días antes del alumbramiento, hizo testamento.No pierda de vista, que en aquella época, ella gozaba de excelente salud y no había el menor síntoma de enfermedad o de cualquier otro peligro. Un parto es una experiencia difícil, a veces mortal, pero en el caso de la mujer que nos ocupa no se preveían complicaciones y no había nada que temer. Al final el marido acabó aburriéndose de toda aquella historia. Una vez, durante el almuerzo, se enfadó y le preguntó:
"-Escucha , Natasha, ¿cuándo vas a terminar con esas tonterías?
"-No son tonterías. Hablo en serio.
"-¡Bobadas! Te aconsejo que dejes de hacer el tonto para que luego no tangas que avergonzarte.
"Pero llegó el momento del parto. El marido trajo de la ciudad a la mejor comadrona. Era la primera vez que la mujer daba a luz, pero todo salió a la perfección. Una vez terminado el alumbramiento, la parturienta expresó su deseo de ver al recién nacido. Nada más contemplarlo dijo:
"-Bueno, ahora ya puedo morirme.
"Se despidió, cerró los ojos y al cabo de media hora entregó su alma a Dios. Hasta el último momento conservó la lucidez. Al menos cuando le ofrecieron leche en vez de agua, murmuró en voz baja:
"-¿Por qué me dais leche en lugar de agua?
"Esa es la historia. Murió como había predicho.

El juez de instrucción guardó silencio, suspiró y añadió:
-¿Puede explicarme de qué murió? Le doy mi palabra de que no se trata de una invención, sino de un hecho real.
Sin dejar de reflexionar el médico levantó la mirada al cielo.
-Habría que haber hacho la autopsia -dijo.
-¿Para qué?
-Para saber la causa de la muerte. La predicción no fue la causa de su fallecimiento. Lo más probable es que se envenenara.
El juez se volvió hacia el médico con gesto brusco y, entornando los ojos , preguntó:
-¿En qué se basa usted para decir eso?
-No es más que una suposición. ¿Se llevaba bien con el marido?
-Hum...No del todo. Los malentendidos comenzaron poco después de la boda. Se dio un cúmulo de circunstancias desdichadas. Un día la difunta sorprendió a su marido con otra mujer...Por lo demás, no tardó en perdonarlo.
-¿Y qué fue antes, la traición del marido o la aparición de la idea de la muerte?
El juez se quedó mirando fijamente al médico, como deseando adivinar por qué le había formulado tal pregunta.
-Permítame -respondió al cabo de un rato-.Permítame, déjeme recordar -el juez se quitó el sombrero y se secó la frente-. Sí, sí...empezó a hablar de la muerte poco después de ese incidente. Sí, si.
-Bueno, ya lo ve...Lo más probable es que en ese momento tomara la decisión de envenenarse, pero seguramente no quería acabar también con la criatura, de modo que decidió aplazar el suicidio hasta después del parto.
-No sé, no sé...Es imposible. Ella le perdonó enseguida.
- Si no tardó en perdonarle es que estaba tramando algo. Las esposas jóvenes no perdonan tan deprisa.
El juez esbozó una sonrisa forzada y, tratando de ocultar su turbación, por lo demás evidente, se puso a encender un cigarrillo.
No sé, no sé...-continuó-.Nunca se me había pasado por la cabeza esa posibilidad...Además...el hombre no era tan culpable como parece...La había engañado de una forma extraña, contra su voluntad:una noche volvió a casa algo achispado, tenía ganas de acariciar a alguien y su mujer estaba en estado...Entonces salió a su encuentro una dama que había llegado para pasar tres días con ellos, el diablo se la lleve; era una mujer insignificante, estúpida, fea. Ni siquiera se le puede dar a eso el nombre de infidelidad. La esposa lo entendió así y...no tardó en perdonarle; luego, ni siquiera hablaron del tema...
-La gente no se muere sin causa -dijo el médico.
-Así es, en efecto,pero de todos modos...no puedo permitir que se envenenara. Sin embargo, ¡es extraño que no se me haya pasado por la cabeza esa posibilidad...! ¡Y nadie pensó en ello! Todos estaban sorprendidos de que su predicción se hubiera cumplido...y no se tuvo en cuenta ninguna otra causa...Pero ¡es imposible que se envenenara! ¡No!

El juez se quedó pensativo. La idea de la extraña muerte de esa mujer no le abandonó ni siquiera durante la autopsia. Mientras escribía lo que le dictaba el médico, movía las cejas con aire sombrío y se secaba la frente.
-¿Acaso existen venenos que maten en un cuarto de hora, poco a poco, sin causar dolor? -preguntó al medico, mientras este abría el cráneo.
-Sí. La morfina por ejemplo.
-Hum...Es extraño...Recuerdo que tenía algún producto de ese tipo...¡Pero no puede ser!
Durante el camino de regreso el juez de instrucción parecía fatigado, se mordisqueaba con aire nervioso el bigote y hablaba con desgana.
-Vamos un rato a pie -le pidió al médico-. Estoy harto de ir sentado.
Al cabo de unos cien pasos al médico le pareció que su compañero tenía un aspecto tan cansado como si acabara de escalar una elevada cumbre. El juez se detuvo y, mirando al médico con ojos extraños, como de borracho, dijo:
-Dios mío, si su suposición fuese cierta, pero eso...¿es algo cruel, inhumano! ¡Envenenarse para castigar a otra persona! ¿Tan grande era la falta? ¡Ah, Dios mío! ¿Y por qué me ha regalado usted esa maldita idea doctor? -presa de la desesperación, el juez se cogió la cabeza con las manos y continuó-. Lo que le he contado se refería a mi propia esposa y a mí mismo. ¡Ah, Dios mío! Bueno, era culpable, la había ofendido, pero ¿ acaso es más fácil morir que perdonar? Es una lógica típicamente femenina, una lógica cruel, implacable. ¡Sí, ya era cruel en vida! ¡Ahora lo recuerdo! ¿Ahora lo entiendo todo!
                                 
Mientras hablaba, el juez tan pronto se encogía de hombros como se llevaba las manos a la cabeza; ora se sentaba en el coche, ora echaba a andar. La nueva idea que le había comunicado el médico parecía haberle aturdido, envenenado; estaba desconcertado, anulado física y moralmente; cuando llegaron a la ciudad, se despidió del médico y no quiso almorzar con él, aunque la víspera se lo había prometido./ 1887
                                                                                               



Antón Chéjov, Cuentos, Alba, 2004. (Victor Gallego Ballestero, Edición y traducción,)